Pensamientos y sentimientos 

Por: Marcia Fragoso S


¡Ahhh las vacaciones de verano! el fin de cursos

el descanso y hacer lo que amamos.

Vivan al máximo este julio hermoso

Besos

Detrás de mis motivos

Te tengo porque te necesito

no porque de veras te deseo

si pudiera no estarías aquí

pero no me queda otra opción. 

 

Sé que ya nada es como antes

y que tengo que cuidar

lo poco o lo mucho que aún queda

si tuviera opción se que no lo haría.

 

O lo haría por otros motivos

y no precisamente por salud

la salud es algo obligado

impuesto, restrictivo, aunque necesario.

 

Todo lo que nos hace daño

sabe bien o nos hace sentir bien

al menos por el momento

porque después de los años nos pasa la factura.

 

Lo bueno cuesta trabajo ¿Será acaso un juego mental?

¿Será que debo cambiar mis motivos?

tal vez si lo que me motiva fuera diferente

cuidar de mi misme sería más fácil.

 

A la hora de ir a la báscula

cuesta trabajo asimilar

que a pesar de todos mis esfuerzos

el resultado es o negativo o el avance muy poco.

 

Tal vez mi manera de ver las cosas

sea la que debo cambiar

dejar de preocuparme, sin dejar de cuidarme

seguir haciendo y pensar menos.

 

Hacer hábitos, acostumbrarme,

buscar nuevas formas más divertidas

más atractivas para mi

cambiar mis motivos, para cambiar mi perspectiva.

y ver en cada paso una meta más lograda.

 

Marcia

14 de julio 2024

La meta de los 59 kilos

Bueeeeeenos días mis querides lectores, les saludo desde mi rincón favorito para escribir en este domingo hermoso, soleado pero con aire fresco que nos regala la naturaleza, afuera está lleno de vida, de gente paseando a sus perros, de transeúntes que caminan con calma disfrutando este día de descanso, con pocos automóviles en la calle y pocas actividades en general.

 

Cuando me invitan a competencias en la acuática es como pensar “me va a costar trabajo” “voy a llegar al último” “quién sabe si pueda mejorar mi tiempo y no me quiero decepcionar si no puedo hacerlo”, después de año y medio de hacer ejercicio dos horas al día esperaría tal vez mejores resultados, esperaría nadar más rápido,  que nada me doliera, ya no tener que hacer dieta, poder comer lo que quisiera sin que luego se viera reflejado en mi actividad intestinal o lo que es peor, al momento de subir a la báscula,  tal vez dejar de comer ensalada por unos días,  digo, me gusta la ensalada, pero el tener que comer tres tazas al día religiosamente se vuelve tedioso, desearía no tener que contar los carbohidratos y las proteínas, poder comer más fruta de la que debo comer, alcanzar por fin mi nivel de proteína y bajar por fin a niveles óptimos mi grasa, en fin, que estar cuidando todos los días  mi salud se vuelve restrictivo, impuesto, aburrido.

 

De repente dejo de ver los beneficios que he obtenido gracias a mi régimen,  ya he perdido 14 kilos y me siento y me muevo mucho mejor que antes, los dolores lumbares casi han desaparecido y ya puedo caminar más rápido,  agacharme, y estar más activa en general, pero como los dos últimos años han sido de subir y bajar un kilo para arriba, medio para abajo, 400 gramos para arriba uno para abajo, oscilando alrededor de los 61 kilos, ya nada más me faltan DOS kilos para mi meta y llevo más de dos años tratando de bajar esos odiados DOS kilos.

 

¿Por qué se nos hace tan difícil cuidarnos a nosotros mismos? ¿Por qué nos cuesta tanto trabajo pararnos temprano para ir a hacer ejercicio con regularidad  y no nos cuesta nada pedir comida a domicilio y ver una serie acostados en el sofá toooooodo el santo día?

 

¿Qué es lo que nuestro cerebro relaciona con ese momento de descanso? ¿Con esas alitas deliciosas que no tuve que cocinar? ¿Con esa michelada que alivia un día de calor? ¿Con esa serie, esa peli que disfruto comiendo palomitas como si no hubiera un mañana? ¿Por qué eso sí se antoja y el ejercicio o comer bien se hace una obligación?

 

Porque no nos gusta que nos digan lo que tenemos que hacer.

 

Nuestro cerebro es rebelde por naturaleza, quiere ser libre, vivir sin reglas impuestas, hacer lo que se le de la gana, así somos por naturaleza, libres, libres de ataduras, libres de ideologías,  libres de regímenes, libres para hacer lo que queramos y obvio, lo que el cerebro quiere es lo que le provoca placer, por eso de repente vamos de una relación a otra sin pensar en las consecuencias, tenemos interacciones de una noche, comemos en exceso y lo que nos hace daño, bebemos como cosacos, nos tumbamos todo el día a ver la tele, porque es lo que nuestro cerebro quiere y es taaaaan fácil complacerlo y taaaaan difícil volver al buen camino del ejercicio, la dieta adecuada y la salud.

 

La primera palabra que aprendimos de bebecitos fue NO, precisamente para demostrar esa autonomía que por naturaleza tenemos y para hacer valer esa libertad, cuando nos ponían una deliciosa papilla de brócoli enfrente decíamos NO y hacíamos valer nuestra voluntad, cuando nos ponían ropa que no nos gustaba, cuando nos daban la medicina que sabía feo, cuando algo no era de nuestro agrado con la palabra NO podíamos dominar nuestro pequeño mundo y moldearlo a nuestro antojo, desde esa temprana edad y con esas pequeñas demostraciones empezamos a ser libres.

 

La etapa de mayor libertad en nuestra vida, es entre los 20 y los 35 años, porque estamos en nuestra plenitud física,  podemos beber como cosacos, estar tumbados en el sillón tooooodo el santo día, bailar hasta que el cuerpo aguante, desvelarnos y comer lo que se nos antoje y hasta en grandes cantidades sin que los resultados se noten de manera inmediata.

 

Pero cuando llegamos a la bonita edad de 40 años, se empiezan a notar las faltas que hayamos tenido en años anteriores y nos empiezan a cobrar la factura con malestares, dolor y mal funcionamiento de nuestro organismo, porque al final de cuentas somos eso, un organismo viviente que requiere mantenimiento continuo para poder funcionar mejor, y lo trágico viene después de los 50 y los 60 años que es cuando ya no podemos hacer las actividades que antes considerábamos cotidianas como viajar en metro, por ejemplo, sin preocuparnos por las múltiples escaleras que hay ahí y lo que le harán a nuestras rodillas.

 

Se va acabando la libertad poco a poco y tan sutilmente que casi ni lo sentimos y cuando nos damos cuenta ya estamos llenos de pensamientos de: si no como bien voy a subir de peso y me va a doler la espalda, si no hago ejercicio me van a doler las rodillas y no voy a poder caminar cuando tenga 70 años, no me puedo desvelar, no debo comer azúcar sin proteína,  debo levantarme temprano a hacer ejercicio, debo, debo, debo, no debo, no debo, no debo.

 

¿Dónde queda nuestra autonomía y nuestra libertad? Tal vez en manos de los doctores, los terapeutas, los coaches, nutriólogos,  cardiologos, ortopedistas y demás personas que nos dicen qué hacer, cómo hacerlo, qué no hacer y que poco a poco van limitando esa libertad que tenemos por naturaleza hasta el punto en que no podemos hacer nada que no esté autorizado por alguien más.

 

¿Qué pasaría si en lugar de pensar en todas las “ordenes y consejos” que estoy obedeciendo y que al final son pensamientos, imposiciones, recomendaciones de alguien más  cambiara mi enfoque y escuchara mis propias motivaciones?

 

Tal vez mi cuerpo no sea libre, pero mi pensamiento sí que lo es.

 

Volvamos al ejemplo de las competencias, cuando Maru me invita a las competencias tengo todos esos pensamientos que les comenté al principio de nuestro artículo y durante la semana la idea que detonó toda esta plática fue la siguiente:

 

Leyendo las noticias me encontré una competencia de 5 km ya sea corriendo o de caminata en la que te dan una medalla muy mona de un ajolotito bebé color rosa portando un sombrero que dice en letras verde blanco y rojo México,  me enamoré de la medalla y mi primer pensamiento fue: “yo quiero mi ajolotito” me tomó 10 minutos leer las bases, bajar la aplicación, inscribirme y hacer el pago y espero con ansias el día de la competencia para que me den mi ajolotito, no me importa si es saludable o no, si me tengo que parar temprano para ir a competir, no importa el lugar en que llegue ni si mejoro mi tiempo, lo que quiero es tener la medalla de ajolotito y punto, sólo eso.

 

¿Cuál fue mi motivación para nadar las diez sesiones del maratón de natación? La competencia en sí me gusta por la convivencia, por el aprendizaje sesión tras sesión y para cerrar con broche de oro el día de la premiación y la medalla me encantan, sin importar el lugar en el que quede, en las motivaciones que tengo para hacer lo que es “saludable” la salud y todos los consejos de los expertos pasan a segundo término,  lo importante es lo que a mí me hace sentir esa actividad y nada más.

 

¿Por qué algo tan simple como una medalla marca más la diferencia que estar sano en general? No sé es la recompensa, disfrutar la vida, de eso está hecha la vida, de pequeños triunfos y metas logradas, si me dieran un premio cada que bajo un kilo tal vez sería más motivante bajarlo, así que voy a empezar a cambiar mi enfoque, descubriré mis motivaciones y las llevaré a cabo, voy a empezar a premiarme más seguido por mi esfuerzo para que esta odisea de vida saludable complemente mi vida feliz.

 

Y a ti ¿Qué te motiva?

 

Eso es todo mis querides lectores, les agradezco infinito su visita de cada semana a este su blog y les espero la semana que viene con otra historia que nos haga pensar, sentir y aprender.

 

Les deseo una motivación infinita para todo lo que les traiga beneficios pero les cueste trabajo hacer.

 

Con amor

Marcia

14 de julio 2024

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